

Preguntas Frecuentes
El invierno simboliza el final de un ciclo, la introspección, el descanso y la preparación para nuevos comienzos.
Ser invierno es la resiliencia en acción, el uso de la adversidad para el desarrollo de la fortaleza interna.
El invierno se asocia a la resiliencia porque nos enseña que los momentos difÃciles sirven para recargar fuerzas y crecer por dentro. Piensa en la naturaleza: con el frÃo, los árboles sueltan lo que no necesitan (sus hojas) para ahorrar energÃa y fortalecer sus raÃces. AsÃ, cuando llega la primavera, no solo sobreviven, sino que vuelven a florecer mucho más fuertes. La resiliencia humana funciona igual: usamos la dificultad para renovarnos y asegurar un gran futuro.
No, la resiliencia no es una cualidad personal. Es el resultado de la interacción continua entre los recursos internos de la persona y los recursos protectores de su ambiente social (como el apoyo comunitario y las estructuras de sostén).
No, la resiliencia no se mide por la rapidez en la recuperación. Se mide por la capacidad de adaptarse, independientemente del tiempo que tome ese proceso.
No, las personas resilientes también lloran, se rompen y se sienten perdidas. La diferencia es que, en lugar de quedarse paralizadas, buscan apoyo, encuentran un propósito y activan sus recursos para seguir adelante.
No, el dolor por sà mismo no transforma; es un catalizador. El crecimiento no es automático, sino una posibilidad que se activa cuando la persona moviliza sus recursos y el apoyo para procesar la experiencia.
No, de hecho, la resiliencia a menudo se construye sobre la base de la vulnerabilidad. Es al aceptar nuestra debilidad y mostrar nuestra necesidad que se crean los vÃnculos sociales y se movilizan los recursos internos necesarios para fortalecernos.
SÃ, las personas resilientes también pueden necesitar terapia. Esto se debe a que la terapia funciona como un recurso externo clave que reduce la carga emocional del dolor, previene el agotamiento y permite reactivar los recursos internos de afrontamiento.

